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martes, 26 de agosto de 2008

PEREGRINACIÓN A TIERRA SANTA (9). TABGHA

Tabgha era un nombre desconocido para los peregrinos de nuestra expedición. Incluso algunos trabucábamos las consonantes. Nuestra precioso libro-guía de Tierra Santa explicaba que el nombre de este lugar procede del griego "Heptapegón", que significa "siete fuentes", y es que por lo visto por aquí hay numerosas fuentes termales que los bizantinos de los primeros siglos aprovecharon para construir balnearios. Algunas de sus ruinas aún se conservan. Así como los restos reconstruidos de un santuario del año 350, ampliado en el siglo V, embellecido con antiguos mosaicos en el suelo ante la mesa del altar mayor. Este hermoso mosaico refleja un momento sublime en la vida del numeroso grupo de discípulos que iba siguiendo a Jesús Nazareno. Habían acudido a aquel lugar atraídos por la Palabra Viva de Dios. La jornada pasaba y nadie pensaba en marcharse, su hambre y su sed del Dios vivo, su deseo de ser sanados, de ser consolados en sus ajetreadas vidas, era lo principal, y la comida era más bien un obstáculo. Nadie quería moverse de allí. Pero el Maestro, atento a las necesidades físicas reales de la muchedumbre hambrienta, pide que los apóstoles los atiendan con lo que tengan de comer. Un niño da lo que tiene, cinco panes de cebada y dos peces. Había mucha hierba en aquel suelo regado por siete fuentes.
Y aquí nos bajamos del autobús en la siguiente parada de aquella mañana del 1 de julio. La ropa se nos pegaba al cuerpo por el calor. Solo eran las diez de la mañana en Israel, pero eso equivale más bien a las doce o a las dos de la tarde en Córdoba o Sevilla, desde el punto de vista de "la calor". La humedad de la gran olla que es el lago, por debajo del nivel del mar, nos iba pringando la frente debajo de las gorras amarillas. Nuestra estancia en el monte de las Bienaventuranzas nos había resultado excesivamente corta, pero la programación de fray Pedro nos obligaba a estar a las diez aquí.


"-¿Cómo dice que se llama? ¿Tajba o Tabja o Tagba o...?
- Tabgha
- ¿Y qué dice que pasó aquí?
- Calla y no te pares, que perdemos al guía.
- Pero ¿dónde se ha metido Gabriel? Santiago, tú aquí conmigo, te dejo la cámara para que hagas fotos y no te aburras, ¿vale?
- Papá, ¿has visto los peces de colores?
- Ya estoy aquí, estaba en... ya sabes.
- Sí, es que no da ni tiempo..."

Antes de que los peregrinos se hubieran sentado en los bancos del santuario benedictino, fray Pedro ya estaba explicando no sé qué de un mosaico y de una piedra -¿Cómo, eh? ¡Ah sí, bajo el altar!- en la que Jesús colocó los peces de la multiplicación, y ya estaba leyendo el pasaje evangélico que venía a propósito, y sin decir siquiera al final "Palabra del Señor" ya estaba explicando nuevos datos turísticos y queriendo llevar a la gente hacia el famoso mosaico de la cesta con los panes y los peces y otros muchos detalles procedentes...


- ¿Del Nilo?
- Sí, es que se ve que lo hizo un artista egipcio, y por eso introdujo elementos típicos de su región, como aves de allí y un "nilómetro" para medir las aguas de su río...


Pero algunos nos resistíamos a confundir peregrinación y turismo. Nos mantuvimos un ratito en oración, con la música de la pequeña guitarra Washburn Rover... No podemos caminar con hambre bajo el sol... Estaba siendo difícil conseguir el clima espiritual necesario para profundizar en las cosas desde dentro del alma. Vaya mañana de prisas. Mi cerebro se estaba llenando de contrariedades... Danos siempre el mismo pan, tu cuerpo y sangre, Señor... También para muchas personas que te seguían aquellos días, y que estaban aquí sentadas en aquel instante precioso, el milagro se convirtió en fuente de contradicción. ¡El Mesías nos da de comer hasta saciarnos! ¡Proclamémosle Rey! Pero eso no era lo que Tú, Señor, querías, había que parar aquel fervor equivocado. Hay que pasar a otro plano... ¿Y para los apóstoles? "Dadles vosotros de comer" les dijiste, nos dijiste, nos dices hoy también, Señor.
- Aquí tenemos tan solo cinco panes de cebada... Sueldos poco más que milieuristas, o pensiones de jubilados, o una beca... o tan solo algo de tiempo libre...

Así que nuestra obligación como discípulos es unir de forma adecuada la asistencia material con la asistencia espiritual. Jesús miraba a aquellas personas como ovejas sin pastor. Y así el mundo de hoy. Pueblos excluidos de la mesa del reparto de los bienes económicos. Personas desplazadas por las guerras, los conflictos, las persecuciones, las grandes carencias económicas, exiliados, inmigrantes... "A los pobres siempre los tendréis entre vosotros", nos avisaste, Señor. Es fácil escoger a quien sea para ayudarle... para ser solidario en lo material y para anunciarle el Evangelio, en lo espiritual.
- Aquí tenemos dos peces, a disposición de todos, para compartir. Somos una comunidad más bien torpe y no muy numerosa. No gestionamos un gran balance de cuentas, pero lo poco que ahorramos lo pondremos a que reste un interés solidario... Y nunca dejaremos de ofrecer la Palabra de Dios a los hambrientos, a los vacíos, a los hastiados, a los que sufren...
-¡Vamos, vamos, que no podemos estar aquí todo el día! -dice fray Pedro a los diez minutos.
-¿Papá, has visto el mosaico?
-Bueno, es que me he quedado sentado tocando la guitarra y orando...
-Vaya, en fin, le he hecho fotos.
-Pues entonces lo veré en Sevilla.
- ¡Vamos, vamos, por aquí, deprisa, vamos! -fray Pedro, con cariño, nos va contando, treinta, treinta y uno, treinta y dos... como un buen pastor a sus queridas ovejas, treinta y tres... que no se pierda ninguna...

sábado, 23 de agosto de 2008

PEREGRINACIÓN A TIERRA SANTA (8). MONTE DE LAS BIENAVENTURANZAS


El peregrino de antaño debía emplear grandes esfuerzos económicos y de tiempo pra poder visitar los sagrados lugares. El espacio y el tiempo tenían su auténtica dimensión humana, y la oración y el cansancio llegaban con la lentitud de los bueyes al atardecer. Sin embargo, los viajeros de hoy en día solo somos turistas y disparadores de máquinas fotográficas digitales. Da lo mismo que uno intente llevar un ritmo lento y contemplativo en su viajar. El bus nos traslada de un punto a otro del lago en un padrenuestro + avemaría + gloria. Los corazones aún palpitan con los latidos de Pedro en Cafarnaúm y de los numerosos enfermos que se acercaban a aquella sencilla casa de pescadores... y una hora más tarde estamos en el monte de las Bienaventuranzas, poco después en Tabgha --donde la multiplicación de los panes-- y en el cuarto de hora posterior ya vivenciamos los momentos del primado de Pedro -¿me amas más que estos?- a la orilla del lago. Aunque el anhelo de Paco Molina era impregnar todo el viaje de espíritu de oración, contemplación y experiencia viva de fe personal y comunitaria, aquella mañana del 1 de julio se iba a convertir en un caluroso quemar etapas guiados por un acelerado fray Pedro. Este tenía medido el tiempo de estancia en cada lugar y poco a poco se convertía en el "avisador de los instantes en fuga".
De todas formas, cada peregrino buscaba el modo de superar sus propios impedimentos... Y ahí estaba el lago, tan cerca de las ventanas del autocar. Y nos esperaban aquellas encantadoras poblaciones y sus evangélicos lugares. Pienso que quizá esta jornada sea la que nos muestre la dimensión de plenitud vital de Jesús y sus discípulos. Cada rincón de tierra, agua y cielo está impregnado de sabor a Evangelio, a pesar del tiempo pasado. Es fácil ver pasar arriba y abajo a aquel grupo de seguidores; poco a poco, como una onda expansiva, llegaba a más lugares la Palabra de Dios. Los pobres, los sufridos, los hambrientos de pan y de justicia, los sedientos de paz y de agua viva... Y un día Jesús los contempla extendidos desde la orilla del lago por toda aquella ladera hasta la cima en la que él está, y no tiene más remedio que proclamar la gran paradoja de la felicidad desde el punto de vista de Dios, desde su punto de vista...
Felices vosotros los pobres, felices los que ahora estáis sufriendo, felices los que hambreáis otro mundo nuevo posible, felices los humillados, los oprimidos, y felices los que les ayudáis, los que trabajáis por la paz, por el Reino, los que aún tenéis el corazón limpio y una mano reconciliadora... porque tenéis a Dios de vuestra parte, Él reina en vosotros, el Reinado de Dios ha sido inaugurado... Y aquí venimos nosotros a esta misma ladera, a este mismo monte de las Bienaventuranzas. Somos felices porque tú, Señor, nos lo has proclamado aquí mismo, y te hemos creído, y sabemos que es así. Son tantas las heridas de las personas que vamos en esta expedición..., viudedad, enfermedad, accidentes deformantes, vejez, soledad, depresión... y aun así sabemos que en Ti somos felices. Son tantos nuestros esfuerzos por construir el Reino..., años de misiones, años de tejer pequeños recintos comunitarios de dimensión humana, años de catequesis experiencial y viva, años de comprometernos en la sociedad civil, y en la Iglesia, años de más fracasos que de éxitos, años de persecuciones... y aun así sabemos que en Ti ha merecido la pena.
Los peregrinos nos vamos esparciendo por diversos rincones del recinto del monte. Unos se quedan en la iglesia de Barluzzi, con su octógono y sus ocho bienaventuranzas, cada cual medita en la felicitación que más le toca. Mateo 5. Otros se desparraman por jardines y miradores. Qué pequeñas revelaciones no nos habrá ido haciendo el Maestro al oído. Hoy somos multitud, aparte de nuestro bus hay otros muchos, de todas partes del mundo hemos venido aquí a que nos sople en el oído la brisa del Espíritu. Polacos, italianos, alemanes, españoles, japoneses... desde hace casi dos mil años, el sermón de la montaña nos ha ido siendo transmitido, como un programa de vida, no como el "opio del pueblo" que mentaba y mentía aquel pensador materialista, no así, sino como una transformadora fuente de Gracia.
Desde Galilea hasta Roma, desde Jerusalén hasta todo el mundo entonces conocido, desde España hasta América, desde Europa hasta la India, Japón y China... Y vuelta a empezar, los misionados se convierten en misioneros y todos nos vamos repitiendo unos a a otros las palabras de Mateo 5... Agarrado a mi guitarrilla hago arpegios de 8 notas, una por cada bienaventuranza, cada nota y sus armónicos, no se puede prescindir de ninguna. En nuestras comunidades todo se debe construir desde este programa de felicidad y todo debe llevar a él. Cada grupo está formado desde la pobreza de espíritu por los pobres, los sufrientes, los humildes, los humillados, los que trabajan por la paz, los hambrientos y sedientos de justicia, los limpios de corazón... No debe haber criba, ni números clausus, ni notas de corte para entrar a una comunidad cristiana. No se debe emplear el poder ni el dinero ni la fama como medio de atraer a nuevas personas, no hay más "programa, programa y programa" que bienaventuranzas, bienaventuranzas y bienaventuranzas.





viernes, 22 de agosto de 2008

PEREGRINACIÓN A TIERRA SANTA (7). CAFARNAÚM

Hay días que se estiran como los relojes de los cuadros de Dalí. Hay jornadas en las que se condensa todo un cúmulo de experiencias y sensaciones, que podrían llenar varias semanas.
Así ocurre con los peregrinos por Tierra Santa. Varios años de retiros espirituales no dan para alcanzar las revelaciones y epifanías que se producen el alma del viajero en un solo día. Sin embargo, hay un peligro en alcanzar el clímax justo nada más acabar la primera jornada de la peregrinación: es muy difícil volver a tocar techo.
Así, puede ocurrir que los corazones, sedientos de renovar sensaciones y vivencias, no sean capaces de saciarse nuevamente, y se queden como colgados de sus ansias, y estas se vuelvan en su contra y ya nada les satisfaga. Esto suele ocurrir con los cristianos en su marcha espiritual por la vida en general, que las experiencias cotidianas no les parecen ya tan reveladoras del Señor como aquellas otras vivencias excepcionales. Y desprecian lo normal por el ansia de lo maravilloso. Así mismo, a menudo los peregrinos sienten una especie de vacío en sus almas cuando las jornadas no llegan a dar de sí lo que ellos mismos anhelaban. Algunos pueden sentir una especie de celos al ver que los otros muestran sus emociones con lágrimas, o con euforia. Otros, quizá menos formados en su fe, andan deambulando por los sitios sin alcanzar a situar por qué sus otros compañeros de viaje viven aquello con tal emotividad o fervor. Unos, agobiados por el calor o la sed, son incapaces de subir un escalón más, o bajar a otra gruta. Este debe acompañar a aquel otro que arrastra sus pies y para cuando ambos llegan, los demás ya vuelven. Aquella no desperdicia un momento de hacerse fotos y no atiende a explicaciones. Esta otra anda angustiada por algún enfermo que dejó a punto de ser operado. Aquellos se sienten decepcionados en su segundo viaje a Tierra Santa porque todo está más urbanizado y ya no se puede entrar a ciertos lugares, y además ya no vuelven a sentir lo mismo. Otra necesita medicamentos, y qué difícil es adquirirlos en el extranjero, sin dominar el inglés, sin entender a los médicos o a los famacéuticos... En fin, el segundo día en Israel iba a representar el choque entre nuestras expectativas, ampliamente logradas en el primer día, y la realidad con su prosaísmo, con su pegajoso calor, con su cansancio acumulado claramente, con su prisa. Cada nuevo lugar se confunde con el anterior y el peregrino ya no sabe dónde está aquella piedra, aquella ruina, aquel templo.
La jornada había comenzado para mí con un buen rato de contemplar el lago Tiberíades desde mi balcón y desde el ventanal del pasillo que conducía a la habitación de mis hijos. Quién pudiera recuperar cada día esas aguas azules y la calma de aquella orilla, el canto de los jilguerillos. Fue un momento esencial. Yo me unía al mirar aquello a la mirada de Pedro o Andrés al amanecer, cuando desde su casa en Cafarnaúm, contemplaban las aguas cercanas y su barca, aquel mismo día en que el Maestro los llamó a seguirlo. Discípulos ellos, discípulo yo... En seguida hubo que dejar ensoñaciones y ponerse a la trepidante tarea de conseguir que toda la familia estuviera a tiempo en el desayuno y a tiempo en el autobús. Hoy iba a ser el día en torno al lago. Es más iba a ser el día en pleno lago, en el mar adentro ("Duc in altum") que decía Jesús. Remad mar adentro.
Nuestra primera parada fue Cafarnaúm. El pueblo en el que Nuestro Señor pasó mucho tiempo de su vida pública. Allí vivían el núcleo de los que serían sus apóstoles. De aquel entonces quedan muchos restos. Los peregrimos entramos en el amplio recinto de las ruinas del poblado evangélico. Antes que nada nos dirigimos a unas sombras con bancos de piedra para poder hacer nuestra oración. Como era primera hora de la mañana, las 8 más o menos, aún no había llegado ningún otro grupo. Es costumbre en Tierra Santa asegurar los itinerarios y marcar las horas de visita, para que no se acumulen los grupos de peregrinos en un mismo sitio, y así nadie es molestado en su intimidad espiritual. Nuestra oración, pues, transcurrió en torno a la experiencia de Iglesia. Queríamos sentar las bases de nuestra experiencia eclesial: la casa de Pedro, de Simón-Roca, Simón-Piedra sobre la que se asentó la Iglesia, nosotros Piedras Vivas que construimos la casa ensanchada por los cuatro puntos cardinales. Piedras Vivas, como insitía el mismo Pedro en su carta (1 Pe). Y Jesucristo la piedra angular. Nosotros, llamados a construir el tejido comunitario, al estilo de aquella pequeña comunidad que se reunía en casa de la suegra de Pedro ahí mismo, a dos pasos de donde estábamos haciendo esta oración.
Tras nuestro primer momento de comunión espiritual con el lugar y los que lo habitaron, hicimos nuestra visita desde un punto de vista más cultural, comprobamos el valor de los datos arqueológicos, las diversas pruebas que atestiguan que aquellas piedras y aquellas casas son las mismas ante las que Jesús y sus discípulos desarrollaron parte sustancial de la historia de amor más grande jamás contada. Nuestros pasos nos llevaron hasta un hermoso templo alzado sobre lo que se conserva de la mismísima casa de Pedro, o mejor, de la suegra de Pedro, pues en aquella época las estancias familiares se iban expandiendo en torno a un núcleo y se ve que en el caso de Pedro el núcleo original pertenecía a la familia de la madre de su esposa. El templo, lleno de simbología eclesial, está construido de tal forma que permite contemplar en su centro y debajo las ruinas de la mencionada casa. Tiene forma como de barca. En las ocho columnas que lo sostienen, los peregrimos podemos contemplar varios relieves en madera de tilo que conmemoran la presencia de Jesús y María en la casa de Pedro y los milagros realizados en Cafarnaúm (por ejemplo, un endemoniado, la suegra de Pedro, un leproso, un paralítico -Mc 1 y 2-, la hija de Jairo, la hemorroísa -Mc 5- el siervo del centurión -Mt 8-). Allí se recuerda también el discurso del pan vivo que Jesús pronunció desde la orilla del mar, a unos 20 metros de la casa (Jn 6). La presencia de María en Cafarnaúm aparece en Jn 2, 12, Mc 3, 21, Mt 12 o Lc 8. De todo esto hay elementos decorativos reprensentativos en el templo. La comunidad y acompañantes hicimos una proclamación de la lectura del pan vivo. La nueva comunidad de discípulos de hoy en torno a los restos de la primera casa-iglesia antes del mismo inicio de la Iglesia.
Tras el ratito de oración, descendimos a la parte superficial sobre la que se eleva el santuario del Memorial de san Pedro, para ver más de cerca la casa y la "Domus Ecclesiae" (la casa de la Iglesia). Se sabe que fue ésta y no otra la casa del primer Papa porque es la única que fue convertida en "Domus Ecclesiae" por los primeros cristianos del siglo I, para poder venerar el hogar santificado por haber vivido allí Jesús. Muy cerca, a unos 20 metros, se puede ver el mar. Es fácil imaginarse a Pedro saliendo de su casa por la puerta de atrás para alcanzar la orilla, que le quedaba del lado Sur. Del lado Este se ve que la casa daba a la calle principal del pueblo, y por allí quedaba muy cerca la sinagoga en la que predicaba Jesús. Eso me recordó la casa de Inma y Paco, en Lucena, a pocos pasos del templo parroquial. Y es que entonces como ahora eran un
puñado de personas entusiamadas por Jesús, que desde la fe recibida de sus mayores y por la fe transformadora de sus vidas fueron capaces de dejarlo todo por ir detrás de Él. Compruebo la sencillez de esas paredes, vislumbro lo que pudo haber sido aquel techo de barro y cañas que desmontaron aquellos hombres para hacer bajar al paralítico, imagino las sobremesas diseñando las jornadas evangelizadoras del día siguiente, sin cesar el ir y venir de gente, casa de puertas abiertas a los discernimientos, a la oración, a los milagros cotidianos (me trae a la memoria la casa de Fernado y de Mª Ángeles). Sé que este es un camino vivo para la supervivencia de la Iglesia Universal, la vivencia de la fe en las casas-iglesias. Que cada una de nuestras casas sea como la casa de la suegra de Simón Pedro, un hogar en el cada día descansa Jesús, comparte la comida y un ratito de oración, un lugar donde los que sufren y tienen necesidades saben que pueden ir buscando consuelo.

miércoles, 30 de julio de 2008

PEREGRINACIÓN A TIERRA SANTA (6). CANÁ

Lo cierto es que las sucesivas estaciones luminosas se nos iban acumulando a lo largo de nuestra primera jornada completa en Tierra Santa. Aún no habíamos saboreado en nuestra alma el gusto espiritual que ofrece Nazaret, cuando ya estábamos en la cumbre del Tabor, contemplando un paisaje ancho como los brazos abiertos de Jesús. Tras haber hecho nuestra oración de adoración, el viento intentaba quitarnos nuestras gorras amarillas. Habíamos subido por piedras y escalones pulidos por las pisadas y las aguas de lluvia hasta un antiguo mirador, rodeado de ruinas de otros tiempos mejores para el cristianismo en Israel, cuando había un obispado con sede en Tabor. Mirábamos un paisaje a nuestro alrededor que bien pudo ser similar al que el mismo Jesús contempló en su oración. Realmente, en ningún lugar de los evangelios se nombra al monte Tabor como el sitio de la transfiguración. Esto arranca del evangelio apócrifo de los Doce Apóstoles (siglo I) y ha sido sostenido por otros documentos con distinto nivel de autoridad (Orígenes, Eusebio de Cesarea, S. Cirilo de Jerusalén, S. Jerónimo, los primeros peregrinos, etc.) Y es que no puede ser otro el sitio. En toda aquella llanura que podíamos contemplar solo había aquel monte. Quizá desde aquí mismo, mirando el horizonte aquel, que es Judea, Jesús asumió la vía de la cruz; pero aún mostró a sus apóstoles el rostro de su gloria, para fortalecerlos en su fe, que iba a ser sometida a tremendo zarandeo.

Y nosotros, estábamos siendo fortalecidos en este primer día con estos sabrosos manjares de contemplación. Pero aún faltaba el vino exquisito de Caná. Y no me refiero al producto que en esta población venden a peregrinos y turistas como vino de Caná, que es un sencillo vino dulce, sino al vino oloroso de nuestra renovación de votos matrimoniales.


Entre la parada del Bus de Omar y el pequeño Hamud y el templo parroquial de Caná teníamos que recorrer una simple calle de pueblo actual, de unos 8000 habitantes entre cristianos y musulmanes. Muchos comercios recuerdan el evento del primer milagro de Jesús a instancias de María. "Haced lo que él os diga". Los recuerdos, las botellas de vino, rosarios, cruces, bolsos... Algunos peregrinos vencen a duras penas tales incitaciones. Pasamos junto a una capilla franciscana que conmemora al apóstol san Bartolomé (Natanael), que era paisano de este pueblo. Mientras voy pensando si no sería este mismo el novio de la boda del milagro, y calculando la distancia de Nazaret hasta aquí, 8 km, me digo, si es que eran un puñado de conocidos entre un pueblo y otro. Parientes y amigos, ellos como nosotros, involucrados por el Señor en sus asuntos. Y María, invitada junto a Jesús, ¿o quizá Jesús invitado junto a ella? Y con él, sus amigos. Es una boda, y falta el vino... Y María, atenta a todo y a todos, sabe que es el momento, que ha llegado la hora. Jesús quizá piensa que no, o quizá se deja insistir por la Madre. Entonces como ahora, el Hijo deja que sea la Madre la que interceda.


Llegamos a la cancela cerrada del templo franciscano. Es actual, de inicios del s. XX, construido como tantas veces ocurre en Tierra Santa, sobre ruinas sucesivas. Se pueden comprobar algunas excavaciones. Pero nosotros llegamos ya fuera de horario. Un franciscano entrañable y un poco loco, chapurreando una mezcla de árabe, italiano y qué se yo, discute con fray Pedro. Abre la cancela, no podemos pasar al templo porque lo están fregando y preparando para una boda. Es lo propio, aquí la gente viene a casarse, hora tras hora, peregrinos y bodas. A nosotros, sin embargo, se nos permite entrar en una deliciosa capilla lateral. Genial , lo justo para los que vamos. Preside una imagen del crucifijo de san Damian, que habló a san Francisco de Asís... "Reconstruye mi Iglesia". ¿Qué mejor patrono para nuestras comunidades y para nuestro propio matrimonio? Nos casamos el día de s. Francisco, para que marcara nuestra forma de vivir. Y aquí, en Caná, tenemos la oportunidad de renovar nuestros votos matrimoniales. Somos 8 ó 9 las parejas. Fray Pedro ya nos ha preparado un diploma para conmemorar el momento. A los casados se nos permite estar delante. Paco Molina nos vuelve a hacer aquellas preguntas de nuestra boda. A mí me sirve para hacer balance de los casi 21 años que llevamos Paqui y yo. Por un instante me pasan ante los ojos las fotografías de un álbum imaginario. El envío de nuestra parroquia de Cañero, de dos en dos, las ilusiones de Siles, el primer embarazo en Sevilla, los bebés perdidos, el gusto a fracaso, el trago a trago de la hiel de la infecundidad y el paro, la lejanía familiar y comunitaria, el gozo del parto ("milagroso") de Gabriel, el lento construir de la primera comunidad "Con Vosotros Está", luego la llegada de Santiago, el trabajo ¡por fin! de Paqui, la enfermedad una y otra vez, yendo y volviendo, el don del Movimiento reconocido oficialmente, el grupo de Sevilla, la música cuando todo iba a ser ya silencio, y ahora Caná, el agua en vino... Sí, quiero. Las mujeres, más sensibles y expresivas, lloran. Cantamos "De dos en dos". Es un canto que compuse desde el deseo de reconciliación. Gabriel hace las fotos, discretamente desde atrás, para no molestar. Santiago mira desde el fondo. Creo que es un gozo haber venido todos juntos.

...De dos en dos
y en medio Dios,
que con su amor sostiene.

De dos en dos,
comunidad que así se multiplica.
De dos en dos,
no es división, sino más perspectiva.
De dos en dos,
conversación, palabra que es caricia.
De dos en dos,
siempre el perdón nos cura las heridas.
De dos en dos
y en medio Dios
que con su amor nos mima.

...De dos en dos,
en Gloria o Cruz, pero jamás rendidos.
De dos en dos
hasta llegar con el amor prendido.
De dos en dos
y en medio Dios
que en sí los tiene unidos.




Luego Simón y Pilar se cantan, y a través de ellos, nos cantamos todos unos a otros, una bella canción de compromiso esponsal. Cada uno de nosotros reconoce el don que supone el ejemplo y el esfuerzo, el amor y el gozo, de cada una de las parejas que hay allí. Inma, con su fina sensiblidad, así me lo manifiesta, precisamente ella que tiene a su marido a 5000 kms. Nuestro matrimonio, el de todos y cada uno, ha dado su fruto. La vibración emotiva es casi insoportable. Yo no soy capaz de expresar estos sentimientos ni con lágrimas ni con palabras. A su tiempo, puedo escribir una canción. Pero en el instante mismo en cuestión sé que mi cara es más bien la de un leño. Se acaba la celebración. Me preocupan Vitoti y Alfonsita, recientemente viudas. En un rincón del patio externo, llora, menudita, Alfonsita. Ella es casi como mi madre en la comunidad, vino a iniciarnos al barrio Cañero. La abrazo en silencio. Ella ha renovado sus votos matrimoniales con Rogelio en el cielo. No es que llore de pena, llora de "amor más fuerte que la muerte" (Cantar de los cantares 8, 6).

martes, 29 de julio de 2008

PEREGRINACIÓN A TIERRA SANTA (5). TABOR

Desde lo que fue la casa de la Sagrada Familia de Nazaret, atravesando el zoco, llegamos a lo que hoy se presenta como la sinagoga que había en tiempos de Jesús. En realidad, los datos arqueológicos más bien indican que es un edificio medieval, hecho iglesia en el siglo XVIII. Hoy es la parroquia de los cristianos melquitas. Ese asunto de las distintas realidades de grupos cristianos nos resulta muy llamativo. En este caso son griegos católicos. En otros lugares iremos encontrando otras versiones de cristianismo, algunas muy antiguas y venerables.


Como decía, llegamos al pequeño recinto, atosigados por las prisas de nuestro guía, apenas dio tiempo para sentarse los primeros y ya estaba intentando leer el pasaje al que aquel lugar hacer referencia. En el grupo iban algunos componentes bastante impedidos, incluso con evidente cojera; pero en esta ocasión quienes se retrasaron fueron los jóvenes. Eso llevó acarreada un pequeña riña: "Es necesario ir pendientes y en grupo, Tierra Santa tiene muchas cosas que visitar, y las compras en zocos no es el objetivo, iremos al ritmo del más lento por necesidad, pero no del más distraído..." Finalmente pudimos proclamar la lectura, tan querida para nuestras comunidades y grupos, de Jesús anunciando en la sinagoga de Nazaret, tras leer la Palabra de Dios, que aquella Palabra se cumple aquí y ahora: "Esta escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy" (Lucas 4, 14-30). Aunque sabíamos que este no podía ser el lugar exacto, lo cierto es que nos impresionaba revivir este pasaje en las "mismas coordenadas GPS". ¡Cuántas veces no habremos afirmado llenos de alegría que este o aquel pasaje de la Escritura se estaba cumpliendo también para nosotros en diversas ocasiones de nuestras vidas! Precisamente este sencillo descubrimiento es el que alimenta una de las claves de nuestras comunidades (y, claro, también, de la Iglesia Católica): la escritura inspirada provoca una lectura inspiradora, la escucha de la Palabra en comunión con toda la Biblia y con la Tradición escrita y viva de la Iglesia nos hace estar dispuestos a descubrir los designios de Dios para nosotros "aquí y ahora", en esa constante "lectio divina" que inició el mismo Jesús en Nazaret.



Sin embargo, nuestra estancia en Nazaret se agotaba, uno querría volver a Tierra Santa para poder permanecer una semana sin moverse de aquí, y nosotros solo teníamos medio día. El resto de la jornada tenía como segunda estación luminosa el monte Tabor. En cierto modo se trataba de hacer un paréntesis en un día marcadamente mariano, pues la tercera estación iba a ser Caná.





Pero allí estábamos, ante un monte como de dibujo infantil, saliendo majestuoso en el centro de una extensa llanura, sin más montaña alrededor. Es evidente que invita a subir, que aquel grupo de discípulos guiados por su maestro espiritual, al pasar por la zona, no tenía más remedio que verlo y, sin más motivo que estar más cerca de Dios, subir, subir para ver la tierra y el cielo desde su cima... y orar. Claro que el esfuerzo caminando debía de ser grande, y la cosa no estaba en ir de bulla hasta arriba y estar allí como en romería... Sólo subirían Jesús y tres escogidos, Pedro, Santiago y Juan, los más cercanos al maestro, para hacer oración con él, para protegerle, para velar con él (esta vez sí, aunque más adelante, en otro monte, el de los Olivos, no serán capaces de vencer el sueño).



El monte se alza unos seiscientos metros, solitario sobre la llanura de Esdrelón, y es así como redondo. La carretera sube haciendo eses como para ir a las ermitas de Córdoba o para subir a Covadonga. Los peregrinos nos agrupamos de diez en diez, nos llevarán microbuses-taxi. "¡Cuidado con el taxista manco!" Comenta fray Pedro. Creíamos que estaba de broma... Nosotros vamos subiendo, un poco cargados por la siesta inexistente, vamos contemplando curva a curva el paisaje, abajo, cada vez más abajo, queda el Kiosko donde hemos tomado los vehículos, el chófer va muy rápido, se sabe el camino con los ojos cerrados, en el empinado arcén hay pinos, encinas y algarrobos, siempre hay un lado de caída libre y otro de ascensión sinuosa, suena un móvil, es el del conductor... Gabriel me dice haciendo gestos "¡el manco! ¡nos ha tocado el manco!"... El hombre agarra el teléfono con su única mano, el volante va suelto cuesta arriba, tiene una especie de mango vertical en el filo del redondel y con él dirige el microbús, casi como un timón pero horizontal. Se coloca el móvil entre oreja y cuello, tiene controlado hasta el tiempo del que dispone entre curva y curva (¿cinco, diez, veinte metros?). Luego compruebo que no es realmente manco, sino que tiene una de esas manitas más pequeñas que las de un recién nacido, su brazo izquierdo no mide más de una cuarta, es como una diminuta alita que agita el viento de la ventanilla. A veces suelta el volante para gesticular con la mano sana, parece que discute... sin dejar la conversación, detiene el taxi en la cima. Qué experiencia.




El camino hacia el recinto donde se eleva el templo de la Transfiguración se nos va entre comentarios jocosos, en los otros grupos también están agitados por las prisas de los conductores, pero nosotros hemos sido los "elegidos" del destino. Nos ha tocado el "manco", nadie podría decir el presunto eufemismo de "discapacitado". (Luego al regreso tuvimos la fortuna de bajar de nuevo con él. La música de su radio y el fervor que íbamos a alcanzar en aquella cumbre iban a hacer bailar de alegría a Sole y a todos nosotros).



La cumbre del monte Tabor presenta un amplio espacio llano, lleno de hermosa vegetación, natural y ajardinada, solo existen en la cima unos edificios y unas dependencias cristianas, rocas y alguna ruina de cuando aquí había sede episcopal, en los primeros siglos del cristianismo. Cuando entramos en el recinto acotado, nos sorprende a la derecha un pequeño comercio, "La tienda de Elías"... así que finalmente alguien vino e hizo una de las tres tiendas (Jesús, Moisés y Elías). Pero lo han tomado en sentido de tienda de productos religiosos. El "Elías" de hoy sale al umbral y llama a los sacerdotes del grupo, esos tienen derecho a café gratis. Se trata de la típica argucia comercial, llamar al pastor para que detrás vayan las ovejas. Pero en esta ocasión las ovejas vamos atraídas por la basílica de la Transfiguración, construida en 1924, obra de Antonio Barluzzi, cuyas obras iluminan diversos lugares de Tierra Santa.

Las bellísimas obras artísticas que encontramos están cargadas de simbología. El templo intenta recordar, de verdad, a las tres tiendas: bajo cada campanario, a los lados, las de Moisés y Elías, en el centro, la de Jesús. El concepto de Transfiguración se desgrana en mosaicos: Jesús se transfigura en el nacimiento, en la eucaristía, en la muerte -cordero inmolado del Apocalipsis- y en su resurrección. Los peregrinos, sobrecogidos, nos vamos acercando al altar, nos disponemos a la adoración. Cuando finalmente llegan los sacerdotes de la otra "tienda", iniciamos una oración... Con la guitarra en la mano, inicio el canto de Kairoi "Jesús es Señor", fácil y repetitivo, todos lo van siguiendo; en un arrebato de adoración, como Pedro entonces, pues vislumbramos la gloria del rostro de Jesús, nos levantamos todos, alzamos nuestros brazos, nuestras manos, "Jesús es, Jesús es Señor..." "Gloria a Dios, Gloria, Gloria a Dios"... La oración, la adoración transcurre con una profunda vibración, como un diapasón de metal que extiende la nota a cada instrumento...
Como en tantas ocasiones, la clave del Tabor es la escucha de la Palabra. Escuchar a Jesús y participar de su gloria a tavés de la contemplación e imitación de cada momento de su vida. Además tenemos su presencia eucarística. Debemos profundizar en nuestras comunidades en los espacios de adoración. La adoración eucarística, que preconiza el Beato Manuel González, y que tantas luces está aportando en la comunidad matriz y en la parroquia. No todos tendrán la fortuna de contemplar el monte Tabor, pero todos podemos ver a Jesuscristo en el rostro de la Eucaristía. Otro rostro donde Él se revela es en el pobre: "cuando lo hicisteis a uno de estos pequeños, a mí me lo hicisteis" y por él aceptar la cruz, como Jesús, que desciende del monte de la transfiguración para someterse a la desfiguración de la tortura. Otro aspecto que resalta el
monte Tabor es el de la belleza natural, el canto de las criaturas que decía san Francisco (cuya imagen nos sorprende entre los jardines, abrazando al crucificado), la ecología, la creación como rostro de la divinidad.










En el esplendor de la nube
se oyó la voz de Dios Padre:

ESTE ES MI HIJO, EL AMADO,
ESCUCHADLE.

Contemplad el rostro de Cristo
que se transfigura radiante.

Quién pudiera alzar unas chozas,
por siempre en la cima extasiarse…




Pero hay que pasar el Calvario
antes que la Gloria se alcance.

Gólgota y Tabor, Cruz y Gloria,
Fuego del amor más brillante.




lunes, 28 de julio de 2008

PEREGRINACIÓN A TIERRA SANTA (4). NAZARET II





Muchacha humilde y sencilla,
de manos trabajadoras,
confiada y pensativa,
dulce novia de José.
Ha entrado Dios en tu vida
con fuerza arrebatadora
y nace en ti día a día
la esperanza de Emmanuel.

¡Dichosa tú que has creído!
Dios hace en ti maravillas.
Tú ves crecer a tu Hijo
bajo el sol de Nazaret.
Mujer del pueblo opromido,
obrera de la alegría,
con Jesús vas de camino
por las tierras de Israel.
Aparte de la presencia tan cercana de María [en la primera foto nos acercamos al recinto de la Anunciación/Encarnación], en Nazaret se percibe el taller de José y Jesús. Los años de vida discreta y oculta. Varias décadas de acrisolar una maduración humana y espiritual. Los templos que hoy podemos contemplar hacen un canto a la Sagrada Familia. Cada vez me voy alegrando más de haber venido todos juntos. Los niños, probablemente, no serán capaces de darse cuenta del alcance de todo lo que vamos viendo. Además a ellos siempre les llama la atención algún detalle que a los adultos nos parece quizá secundario. Pero lo esencial es que vamos juntos en familia y en comunidad, tienen como Jesús en el pasaje famoso, alrededor de doce años, ellos también van madurando en edad, saber y fe.
El poblado evangélico les atrae muchísimo. [Fotos segunda y tercera]. La forma de vivir sencilla de aquellas familias nazarenas. Penetramos en hogares que tuvieron abuelos y chiquillos, hombres y mujeres concretos, que convivieron con un Jesús anónimo, que conocieron sus juegos, sus primeros escarceos en pandilla, sus trabajos en la carpintería. José, María, Jesús y aquellos otros parientes que nombra el Evangelio. Primos hermanos que no siempre supieron seguirle, pero que, a su tiempo, y vencidas las dudas, como Santiago o Judas -los parientes, no los apóstoles- también llegaron a ser "familia" por escuchar la Palabra y cumplirla...
"Estos son mi madre y mis hermanos y hermanas... los que escuchan la Palabra". Así que aquí estamos nosotros también familia al fin y al cabo. Somos los que escuchamos la Palabra.

Sobre los restos arqueológicos de una casa taller del siglo I se levanta hoy la basílica de san José, con restos de un baptisterio de inmersión de aquella misma época. [Es la foto cuarta de la presente sesión, siete peldaños para bajar y subir, que significan el descenso y ascenso de Jesús, y los siete sagrados dones del Espíritu, frutos del bautismo]. Sobre la que seguramente fue la casa de la Sagrada Familia en seguida empezaron a querer ser bautizados los primeros componentes de comunidades cristianas de esta zona. Las ruinas y la actual iglesia distan de lo que fue la casa de María antes de casarse lo mismo que había entre la casa de Paqui y la mía cuando solteros. Me imagino las relaciones de noviazgo, las dificultades sobrevenidas... también nosotros mismos hemos soñado entregar nuestras vidas al Señor, ir más allá de lo de casarse-piso-coche-tv etc etc. Sé que ellos tenían antes quizá otros planes y que el Señor les comprometió en los suyos y ellos se dejaron seducir por al amor de Dios y por al cuidado de Jesús. Hágase en mí ( y en mí, también, diría José) según tu Palabra.

Muchas personas que podáis leer estas memorias de peregrinación también habréis tenido quizá otros planes y parece que se han roto, pero precisamente ahí está la pregunta del Arcángel Gabriel. ¿Quieres decir que sí? ¿Quieres responder "Fiat", "Hágase"? Dios te abre a otra posibilidad, tú puedes aceptarla, o rechazarla.
Aparte, Nazaret invita a "guardar las cosas en el corazón"; a la humildad laboral, a la discreción que rehuye las prisas y la fama rápida; a confiar en que la familia a su debido tiempo encontrará al Señor en sus vidas. A nuestras comunidades nos invita a resaltar la presencia de María en la catequesis y en la celebración. Sin María, no hay Jesús Emmanuel "Dios con nosotros", no hay "con vosotros está", no hay encarnación.
Nazaret muestra la realidad de lo que es encarnarse todo un Dios en un tiempo y espacio muy, pero que muy concretos. [En la foto quinta vemos el hermoso cuadro de Hermmerlein de Viena, "Jesús aprendiz de carpintero"]. También se descubre el papel femenino y el papel masculino en la educación de los hijos, la estabilidad familiar (de pequeña y de gran familia y de ambiente comunitario) a la hora de dejar madurar a los jóvenes. Nazaret es sobre todo la catequesis viva de que los procesos del Señor necesitan personas concretas dispuestas, estabilidad emocional y espiritual y lenta maduración... antes de afrontar la vida pública. También enseña que, llegado el momento, hay que salir de Nazaret y anunciar el Evangelio. Muchos estaréis en la primera fase aún; pero otros estáis ya en la fase de salir al mundo.

domingo, 27 de julio de 2008

PEREGRINACIÓN A TIERRA SANTA (3). NAZARET I


Nuestro primer día completo en Israel se inicia a las 6 de la mañana (en España, son las 5). El lago es un regalo para la vista desde la ventana. Azul intenso, la luz está ya muy fuerte, a pesar de lo aparente de la hora en el reloj. Uno diría que son como las diez de la mañana en Andalucía. La región de Galilea es algo más fresca que la costa mediterránea. Las lomas descienden entreveradas de roca y verde hasta el agua dulce. Mar de Galilea, lago Tiberíades. Las aguas que san Pedro y su hermano Andrés conocían tan bien. La orilla ha ido descendiendo desde entonces. Su agua se aprovecha en los regadíos del milagro israelí y están metro y medio más bajas que al principio del Estado de Israél (hace 60 años).
Pero el centro de nuestro peregrinar hoy está lejos del lago. Vamos a Nazaret, donde vivimos sobre todo una enorme experiencia de María. Su casa de doncella, su habitación, aún se reconocen en el centro de la enorme basílica de varios niveles dedicada a la Encarnación. Sin embargo, Nazaret población actual es una ciudad árabe, plagada de mezquitas, aunque muchos de los árabes que la habitan son cristianos. Los judíos viven en Nazaret Illit.
Algunos peregrinos más cuestionadores indagaban sobre la base de certeza de que aquellas ruinas pudieran ser de verdad la casa de María. Para ello hay que mirar no con fe, sino con razonar arqueológico: la tradición histórica se sustenta en que los judeocristianos de la época de José y María, los familiares nombrados varias veces en el Evangelio, transformaron sus viviendas en iglesias-sinagogales, y aún se conservan dos baptisterios del siglo I y II. Hay pruebas arqueológicas de que el poblado excavado y que se puede visitar corresponde a la época evangélica. Se pueden recorrer unos doscientos metros entre lo que fue la casa de María y la casa familiar de José, hoy están sobre sus restos las basílicas de la Encarnación y de san José. Entre medias, se conservan por debajo del nivel del suelo actual, como suele ocurrir cuando se excavan ciudades antiguas -recordad Córdoba o Sevilla- unas cuarenta casas, grutas, molinos, silos, hornos... en fin los restos propios de la época. Es impresionante comprobar la sencillez en que vivía María, y esa humildad nos estremece en la eucaristía que, por fin, celebramos comunitariamente. Justo a las 9 disponemos de una hora para contemplar el misterio de la Encarnación del Verbo de Dios, ante la misma habitación de piedra en que María oraba, "la Amada en el Amado transformada", en la experiencia mística más alta que ha tenido lugar en la historia de las religiones. Una sencilla muchacha llena de gracia responde sí a una petición del mismo Dios. Más tarde los peregrinos debatíamos si el ángel Gabriel había que interpretarlo literalmente o como una metáfora o algo simbólico. Yo, por mi parte, creo que la explicación más razonable es la que ofrece el propio Evangelio. Precisamente en este mismo mes de julio hemos estado en Fátima por segunda vez y se repiten algunos parámetros similares, aunque a un nivel más básico: los pastorcillos ven un ángel que les prepara para la visión de María, oyen sus palabras, que saben repetir cada uno por su lado. También se repiten la humildad orante, la disponibilidad en la respuesta afirmativa, a pesar del sufrimiento posible... Así que tengo la certeza razonada y la certeza en la fe de que María, haciendo oración en aquella misma casa, a solas en su habitación, consintió en que en su vientre virgen se encarnara el Hijo de Dios, sin mediación de padre humano. Mi cámara de fotos no da para recoger la dimensión espiritual que se respira allí.
Desde el tiempo de los apóstoles hasta hoy mismo continuamente se ha venerado este sitio, y eso lo demuestran restos de tiempos sucesivos, que como la piel de una cebolla, envuelven esa casa gruta, con parte excavada en la roca, con cuevas naturales, con parte elevada en piedra y parte acabada en adobe, cañas, para tejados y ampliaciones. Además hay restos de la iglesia sinagogal con la primera invocación a María conservada (Ave María tallado en una columna en griego -XE MAPiA-, del siglo II), La gruta capilla de Conón s. IV (Conón era un diácono del siglo III, es el último pariente de Jesús de quien se conoce el nombre, murió martirizado en la persecución de Decio), el monasterio bizantino del siglo V, la catedral cruzada destruida en 1263... así hasta llegar a la actual edificación, de pleno siglo XX, del arquitecto Giovanni Muzio. En fin, son pruebas para los más racionalistas de nuestras comunidades, que los hay, tanto que a veces se les desmonta el Evangelio por puro razonar.

Un arcángel divino
entró en la sala,
con roce de ala
por un rincón.
En un momento
de eternidad transido,
paróse el tiempo
en la oración.
Con voz de lino,
brisa de acacia
y son de estrella,
al mediodía,
a la doncella
así le habló...
"Ave, María,
llena de Gracia,
contigo está el Señor..."
"Ave, María,
de la Encarnación".

sábado, 26 de julio de 2008

PEREGRINACIÓN A TIERRA SANTA (2). VIAJE

¡Qué alegría cuando me dijeron:
"vamos a la casa del Señor"!

Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén!
Salmo 121

Así que ahí nos tienes, Señor, transportados fraternalmente por Omar, Loli y Adrián hasta las mismísima panza de esa ballena nocturna que era el Bus comunitario. Nuestros parientes más cercanos dejándonos justo ante el inicio del camino. En dos minutos se precipitó la despedida de unos y el saludo a otros. Pequeñas familias se entrecruzaban abrazos y bromas a unas horas desacostumbradas ya para casi todos. Solo los más jóvenes, los hijos de Sole: María Eugenia y Javi se movían con naturalidad en ese tiempo de copas y movida.
Antonio despedía a Inma, su esposa. Él me explicaba sus razones para no ir... de modo que una experiencia tan radical iba a tener que ser vivida por ella sola. Además solo la acompañaba Carmen de entre los muchos hermanos de Lucena. En ellas recaerá la misión de anunciar en su pueblo las vivencias de la peregrinación. Simón y Pilar, en cambio, y Julio y Paqui iban a ser más afortunados. En parejas y además con su grupo de Posadas casi completo. También hay otras parejas matrimoniales de mayor solera: Enrique y Carmen, Francisco e Isabel, Manolo y Leo, de nuestra comunidad de Córdoba y otros matrimonios que iremos conociendo poco a poco, vienen de Cerro Muriano, junto con el joven sacerdote José-Antonio. También nos presentan a los amigos de Juan, Bernardo y Pepe, que vienen de Cádiz y de Jaén. Sole con sus hijos y nosotros con los nuestros somos los que le damos un ambiente más familiar y juvenil a los asientos del Bus. Pero hay más parientes y amigos que, aunque no están integrados en ningún grupo, está dispuestos a ir en el marco del ambiente "Con Vosotros Está" Pepi, Mateo, Carmen y otros nombres que se me amontonan... También están Paqui y Sara, de Encinas Reales, y Mari y Loli de Villa del Río... y, claro, Tere, Alfonsita, Carmen y Paco Molina de la comunidad matriz.
Somos una comunidad en camino, impulsada por el anhelo de vivir una experiencia comunitaria de fe y vida. Vamos a acercarnos a los orígenes de nuestra fe, con nuestro padre Abraham. Queremos palpar, ver y oír al Verbo encarnado, la Palabra hecha hombre, que acampó entre nosotros y que está "con nosotros hasta el fin del mundo". Deseamos pisar sus paisajes, mirar las mismas nubes pasajeras reflejadas en las aguas del lago, vislumbrar su realidad humano-divina por Nazaret y Cafarnaúm, por Tabor y Gólgota. No vamos a título personal, ni como un privilegio de gente con dinero que va porque puede y quiere, sino como enviados por los demás componentes de nuestras comunidades, que nos sostienen con su oración y empuje. Nosotros somos el resultados de otros que creyeron antes y que nos lo contaron, que quizá pudieron ser peregrinos y eso les impulsó a la misión... "Lo que nuestros ojos vieron, nuestros oídos oyeron, nuestras manos palparon"... queremos ser de esos "pocos pescadores y otros cuantos soñadores hasta el último confín". Queremos transmitir y contagiar la fe en Jesús de Nazaret, Cristo Mesías, Salvador, Hijo de Dios, el Señor.
Pero también vamos acompañados por María de Nazaret, de Belén, de Jerusalén, que fue desde su Anunciación -María de la Encarnación, como mi abuela paterna- hasta Pentecostés -María Madre de la Iglesia-, pasando por la Cruz -Señora de los Dolores, Virgen de las Angustias, Señora de la Piedad- y quedando como María del Carmen, en Monte Carmelo. Y otras advocaciones: Visitación, Tránsito, Asunción... cada cosa en el lugar que fue. Si es que impresiona nada más pensarlo... ¿Seremos capaces de verdad en vislumbrar todo esto? ¿O se quedará en una ruta turística agotadora?
En medio de esas ensoñaciones, dando cabezadas y cabezazos, transcurrió el viaje en la ballena Bus. Entramos como personas educadas y salimos de su "vientre" como vomitados por las posturas más incómodas posibles buscando el acomodo imposible. Una buena colección de arrugados y despeinados con el tono de la cara de un cuadro de El Greco. Empezar un viaje agotados puede tener un punto de penitencia, y allí estábamos nosotros, haciendo de cuando en cuando las pausas reglamentarias en medio de la nada, en algún punto entre Córdoba y Barajas.
Ahora comprendo de otra manera el canto "Alegre la mañana". Es alegre porque se acaba la noche inaguantable, insufrible, pero aguantada y sufrida minuto a minuto. Es alegre porque se ven los accesos a Madrid Aeropuerto y eso nos pone cada vez más cerca de Israel. "Alegre la mañana que nos habla de Ti. La luz resucitada y resucitadora..."
La luz y un café cargado, cargados de maletas y esperando a nuevos miembros de la peregrinación: Vitoti y compañía, que estaban en Madrid, y los franciscanos Jesús y Pedro, que será nuestro guía. La oración del Bus fue interrumpida, y esto iba a ser una señal de que no siempre iba a ser fácil concordar lo espiritual con los esquemas del viaje. Cada uno tendría que intentar cumplir por su cuenta y a su modo la dimensión orante. Yo, por ejemplo, terminé las lecturas tomando el desayuno y antes de que pudiéramos embarcar.
La T-4 es todo un cosmos. Los filtros de seguridad nos convierten a todos en presuntos terroristas. Las botellas de agua antes de aduana pueden ser inflamables. Hay un enorme cementerio de plástico acuoso antes de las cintas de seguridad. Alguien podría hecer un negocio comprando esas botellas medio bebidas de agua mineral natural y aprovechar primero el agua y después el plástico. Se podría regar la jardinería del aeropuerto y con el PVC envolver las maletas. Aunque quizá sea eso mismo lo que ya hagan. Después de controles y tras proteger el equipaje con múltiples líos de film (nadie regala, por peligrosa, una navaja para rasgarlo al llegar, qué desesperación), los peregrinos emprendemos un viaje en tren, escaleras, ascensores, larguísimos pasillos de diseño, cada uno sigue al que va delante y nadie conoce si el primero sabe adónde vamos... todo para llegar a nuevos controles de aduana y, finalmente, al punto de partida. Aún no acabamos de empezar, pero para las diez de la mañana cada uno se ha convertido en habitante forzoso de un mundo en tránsito. La guitarrilla Washburn Rover es un buen instrumento para devolver al espacio espiritual el alma. No importa que no todos los pasajeros del avión sean peregrinos. Mientras esperamos a que nos dejen entrar, las cuerdas metálicas van poniendo sus acordes como colchón frente al desasosiego. Me agarro a las estrofas de mi última canción, que, como me suele ocurrir, es la que mejor me sé y me la voy cantando para dentro, y así toda la prisa y estrés de la T-4 van subiendo hacia el techo como dulce ofrenda de la mañana...
...
Dices que soy dulce huésped del alma, pero nunca me invitas;
... dices que soy quien te seduce, mas prefieres otras citas...
"Ven", dime solo "ven", solo dime "ven, Santo Espíritu"...

Iberia. Sin comentarios, unas cinco horas. Acumula retraso. Ni hablar de la comida. Simpáticos los patucos. Primer vuelo para los niños. Tras las iniciales emociones de despegue, nubes y azul, el portátil empieza a funcionar. La clase turista y sus colas para el retrete. Un colapso por el estrecho pasillo. Mi vecino de asiento derecho duerme desde el despegue hasta el almuerzo y desde el almuerzo hasta el aterrizaje. Parece judío. Muchos van a pasar el verano, repasan sus raíces y luego regresan a una Europa sin demasiados conflictos. No desean Israel para vivir, está bien como símbolo. Además el servicio militar es casi de por vida y el riesgo es cierto.
Hemos cambiado una hora al día y llegamos a la hora de la siesta. De nuevo el mundo-en-tránsito-controles-aduanas-filtros-sellos... ay, que retienen a Juan porque en su pasaporte pone que alguna vez ha estado en Túnez, y eso le hace peligroso. ¿Nombre de tus abuelos? ¿A qué vienes? La cinta transportadora va trayendo las maletas momificadas en plástico de botella de agua reciclada. Juan no viene. La recepción de InterPax, empresa que organiza la peregrinación, intenta tranquilizarnos. Alguien quiere hacer compañía al probable "delincuente" tunecino, de marcados rasgos africanos (rubio y más bien blanquete). Acumulamos retraso. Tierra Santa muestra su "afabilidad" desde el principio. El trozo del planeta con más conflictos por metro cuadro y por año-luz, el lugar del pueblo elegido -que supo rechazar a todos y cada uno de sus profetas- vuelve a poner trabas a otro Juan. Aunque gracias a Dios, la agente no se llamaba Salomé, y lo único que mandó cortar fue el tiempo que hubiésemos necesitado para llegar a Jafa y celebrar la eucaristía del domingo de San Pedro, en el mismo lugar que san Pedro tuvo la visión que abrió el Evangelio fuera del judaísmo.
Así pues, conseguimos salir completos del aeropuerto de Tel Aviv y, calorazo playero, humedad insoportable y conocimos a nuestro chófer Omar y a su hijo Hamud. Pedro, el franciscano, tomó las riendas de la peregrinación y el micrófono del Bus. "En Israel te dan un mapa verde de peregrino y una gorra amarilla y con eso hay que volver. Es muy peligroso perderlos. Esas dos cosas, más otro objeto que nos dará el Custodio Franciscano en Jerusalén. Nuestra seguridad de regresar sin problemas anda en juego".
Vamos mal de horario. De Tel Aviv a Jafa hay poca distancia, pero ya es tarde. Llegamos como a las seis, solo se puede escuchar misa en polaco. Dios mío, nada más llegar, las contrariedades del país, el calor, la sensación de que todo va a seguir mal. Pedro el guía propone que el que no haya celebrado la misa del domingo que la siga como pueda en polaco. A los demás les enseñará Jafa. Llevamos sin dormir más de no sé cuántas horas. No hay hotel, no hay ducha, no hay descanso, no hay misa comprensible, no hay oración al llegar. ¿Es esta la peregrinación que tú quieres, Señor? Debemos decidir qué hacer, miro a los niños... ¿en polaco la misa? Mejor visitamos el pueblo a ver si se les pasa el mal humor acumulado. Afortunadamente dio tiempo a juntar la breve visita, la lectura de los pasajes bíblicos y parte de la eucaristía con la comunión. Tuve que determinar que era preferible eso, equilibrando lo ideal con lo posible, teniendo en cuenta sus edades. Aún así reclamamos si se podía hacer la misa comunitaria en el hotel y Pedro nos consoló abriendo la posiblidad, de quizá antes de la cena... Luego se demostraría que más bien era por engatusarnos, porque de Jafa al hotel había unas dos horas y media de autobus -y no media hora, como afirmó al principio para que no acabáramos quemados antes de empezar-.



Jafa: san Pedro evangelizó esta ciudad. Se cuenta en Hechos 9 y 10. Aquí resucitó a una niña llamada Tabita (es decir, Gacela) -por cierto, que los niños llamarían a fray Pedro con el mote de "Gacela Thompson", porque nos llevaba corriendo a todas partes-. También se cuenta en los Hechos que en una de las azoteas del pueblo, Pedro tuvo la visión de la invitación a comer animales impuros para los judíos. En seguida recibiría la visita de los enviados de Cornelio. Todo ello abrió la misión hacia los paganos. Así que, de algún modo, allí estábamos nosotros de regreso en el mismo lugar en que el Evangelio y la Iglesia salió para Europa.
Sobre la casa que bien pudo ser la de aquella azotea se levanta hoy la iglesia de san Pedro. Es el único templo de ladrillo que vamos a encontrar en toda Tierra Santa. Esto es así porque fue levantada por el pueblo español, con diseño más bien levantino. El panorama es amplio: la costa, estamos al otro extremo de nuestro Mediterráneo, paseo marítimo, hoteles, Tel Aviv, la capital nominal de Israel, que ha absorbido a Jafa como barrio árabe. Callejeamos entre las casa "de los artistas", diseñadas con estilo turco; unas azoteas se asoman a otras casas, así desde la ladera, bajando muy en pendiente hasta el mar. Azoteas sobre azoteas, y el sueño del pescador Simón Pedro, que tiene que dejar de ser finalmente judío para profundizar en el cristianismo, oferta universal para todos los seres humanos, pues no hay nada impuro que entre en la boca, sino lo que sale del corazón. Y la iglesia-convento, tan española, llena de santos españoles, visitada por españoles que aún seguimos creyendo. A este puerto de Jafa llegaron por siglos los peregrinos, con viajes mucho más pesados que el nuestro, con muchos más peligros, y más costosos. ¿Sería capaz ahora España de financiar una iglesia así?
La católica España de antaño hoy rinde culto a religiones light, a laicismo vacío, al gran consumo. Zapatero no es la causa, es el efecto. Y nuestra iglesia de España, ¿no deberíamos ser más coherentes? Cuántos católicos no confunden el Evangelio con la moralidad tradicional y los valores de las bienaventuranzas con las rentas del neoliberalismo.
En Jafa se embarcó Jonás para escapar a Tarsis (España): Libro de Jonás 1, 1-16. Pero le tragó la ballena y él tuvo que afrontar su misión de predicar la conversión. Quizá ese sea nuestro mismo trabajo. Anunciar a Jesucristo y animar a una conversión a nuestros paisanos.
Pero de hecho, aquí y ahora, en Israel, me preocupaba sobre todo atender a mis hijos Gabriel y Santiago. A ellos les atrajo una estatua de Napoleón, que conmemora su estancia por estos lugares, y un gato callejero, cuya foto conservamos como recuerdo, porque nos traía a la memoria a nuestras gatitas Lula y Pepa, que quedaron en Sevilla al cuidado de Sergio. Cristianos en Jafa: unos cien, y así en otros sitios. Somos la minoría en un país dividido.
En el viaje de Jafa hasta Tiberíades, de "media hora" según Pedro, intenté sostener el ánimo de mis compañeros con la pequeña Rover, de nuevo la música buscando construir un edificio de oración de la tarde. Se trataba de recorrer casi todo el país de abajo arriba y en diagonal de izquierda a derecha, desde la llanura costera hasta el altiplano occidental. Primera visión desde la carretera y entre cada vez más oscuridad, de Samaría y Galilea. Caminos que Jesús tuvo que patear metro a metro, caminando con sus discípulos. Nosotros, también sus discípulos, los recorremos sentados en el bus de Omar. Yo de pie y rodilla en el asiento, cantando lo que se va sugiriendo entre unos y otros. A lo lejos pueblos que solo son luces en las colinas. "Una ciudad encendida no se puede ocultar, brille así vuestra luz en las tinieblas". De vez en cuando, el muro. Kilómetros de muro de 9 metros que separa palestinos y judíos. Torretas de control. Samaría. Galilea. Enemigos de siempre. Muros de piedra, muros de religión, muros de política, muros de etnias. Fronteras del alma, de la mente y del corazón. Los peregrinos ¿ilusos? queremos vencer todo esto cantando "oh ay que nacer del agua, oh hay que nacer del Espíritu de Dios". Sí, hay que nacer de nuevo, cada día, cada ser humano para no llevar cuentas del mal. Solo Jesús salva.
¿Y Pedro, el guía franciscano, empezará a guiarnos espiritualmente o solo se mantendrá en lo turístico? Quizá está acostumbrado a otros grupos de peregrinos, con menos ansias de profundizar. De momento nos va dando indicaciones geográficas e históricas, detalles que su privilegiada memoria habrá desgranado muchas veces. Es un hombre amable y simpático, con profundas raíces en Tierra Santa y también en Andalucía, aunque no es natural de una ni de otra. Ha pasado el día de su santo con nosotros y será la voz de nuestro peregrinar. El brillo de su calva radical nos guiará por los santos lugares. Su orden franciscana es la custodia de Tierra Santa. San Francisco logró más del Sultán que las sucesivas cruzadas. Quiero ser oh Señor instrumento de tu paz. Donde haya odio, pongo yo el amor, donde haya duda, ponga fe, donde haya desesperación, esperanza... Fray Pedro nos señala la ansiada meta, la ciudad de Tiberíades, donde está nuestro hotel.
Sabrosa cena con deje oriental de especias. Lucha con el famoso embalaje de plástico...Y después nos será concedido un inesperado "salvoconducto" para los días en Israel... La selección española gana la Eurocopa. Vemos el partido televisado en israelí, van con nosotros, les alegra nuestra victoria. Los peregrinos somos todos forofos por un rato, resulta divertido ver al padre Jose Antonio alzando los brazos como Moises en las batallas para sostener los ataques de la Roja. Esa victoria frente a Alemania nos regalará muchas sonrisas en todas partes. Futbol, Real Madrid, Raúl... son palabras que se repetirán dia tras día. Ellos sí que anuncian lo que viven.
Y por fin una cama tras dos días sin pillar una.

Somos peregrinos
que andando van...

Desiertos sin camino
para cruzar,
aceras sin destino
por la ciudad.

Más Tú, Señor, nos sales
al encuentro
en un camino que nace
desde dentro
y que va hasta el centro
de tu Corazón,
y que va hasta el centro
de tu Corazón.

PEREGRINACIÓN A TIERRA SANTA (1). PREPARACIÓN


Los miembros de las comunidades y grupos "Con Vosotros Está" fuimos convocados a hacer una peregrinación a Tierra Santa. Era el encuentro anual de cuaresma, en la casa de espiritualidad de Betania (Córdoba), y Paco Molina, nuestro sacerdote fundador, nos animaba a todos a realizar esa peregrinación, pero llevándola a cabo según el "estilo" de "Con Vosotros Está". Es decir, no se trataría de un simple viaje turístico, ni siquiera de una "peregrinación estándar".
Desde ese mismo momento, yo empecé a soñar con ese viaje. Se me metió entre ceja y ceja que debería ser una peregrinación de toda mi familia unida: Paqui y yo, pero también nuestros hijos Gabriel y Santiago. Había varias dificultades que resolver: el dinero (más de 1300 € por cabeza, las fechas (se iniciaba el viaje antes del 30 de junio) y la actitud de los niños ante el asunto (yo no sabía si ellos a su edad -14 y 12 años- podrían estar preparados para "tanta espiritualidad").
Paqui, por su parte, estaba inmersa en todas sus actividades laborales y su propio estrés connatural. Ella no era capaz de pensar que pudiera obtener ni permiso para ese lunes 30 de junio. Aparte, como este año había convocadas oposiciones de Secundaria, nos temíamos que nos pudiera tocar ir de miembros de tribunales -pues había muchos de Lengua y Literatura y era fácil que estadísticamente nos cayera "la suerte". Así que el asunto no parecía fácil en principio.
Se fue desarrollando el trimestre entre cuaresma y fin de curso. A mí me operaron la garganta y estuve un mes de baja, al principio con muchísimos dolores, incapaz de leer. Entre medias recibimos la triste noticia de que el Centro de Arte de los Cabos tenía que cerrar. Y así, entre dolores físicos y espirituales, tuve la amable visita de nuestro querido "pastor" Paco Molina. Él estaba preparando con enorme dedicación toda una serie de materiales, unas guías, un cuaderno de viaje... y me pedía que le ayudara a añadir una selección de mis canciones comunitarias, para Tierra Santa. Lo cierto es que yo estaba fatal ese día y no fui capaz hasta muchísimo después de darle las letras de esos cantos. Incluso sentía pesar de tener que "trabajar" en eso. Él, por su parte, estaba preocupado porque algunas personas de las comunidades no estaban respondiendo positivamente al deseo de ir. Sobre todo en Lucena, donde el Movimiento es mayoritario. En cambio, la gente "recién" incorporada de Muriano, y otros de la Parroquia, más amigos y familiares estaban a la expectativa. A mí me animó mucho saber que de la comunidad de Córdoba íbamos la mayoría, y los de Posadas (genial) y un pequeño goteo de de Villa del Río, Lucena, Rute, Encinas Reales... En fin, podríamos ir al menos representación de cada grupo y comunidad, y además gente de todas las edades y condiciones: niños de 12, 14, jóvenes de 20, casados, viudas, solteros... hasta ancianos de 76 y 78 años. Personas muy crecidas en la fe y en la experiencia comunitaria y otras en las que todo iba a ser preguntas, o incluso dudas.



Aprovechando la visita de Paco Molina, hicimos la primera aportación económica, con la promesa de que si nos tocaba ir de tribunales de oposiciones nos devolverían el dinero. Cuento todos estos datos porque me parece que el sentido comunitario del viaje, para mí al menos, se confirmaba poco a poco. Paco en ningún momento dejó de contar con que iríamos, y allí estaba pidiéndome que fuera con cantos y con guitarra. Y este asunto, el de la guitarra, iba a ser otro problema. No es fácil llevar una guitarra en un avión y, si se refuerza mucho el tema del estuche, luego tampoco es cómodo ni mucho menos ir de acá para allá cargado con ella como un peregrino.

Sin embargo, cada pequeño detalle iría entrando en su oportuna solución:

Pudimos reunir todo el dinero necesario: casi todos nuestros ahorros (5600 €). No nos tocó lo de las oposiciones -aunque sí a muchos compañeros de Instituto-. Paqui y yo conseguimos el permiso para el dichoso 30 de junio, pues no nos pusieron el claustro de fin de curso ese día, sino el viernes anterior. Logré el ánimo suficiente para mandarle a Paco los cantos (ay, cuánto nos alegramos todos por esos cantos y por su insistencia para que estuvieran ahí, en cada oración y celebración). Los niños, por su parte, tras ver el programa de peregrinación, dijeron que querían ir, pero que misas solo los domingos. Les hacían ilusión más bien detalles anecdóticos: viajar en avión, un país lejano, el Mar Muerto, las cosas de Romanos y Judíos y Musulmanes... las fortalezas de los Cruzados y, claro, ver de verdad lo que habían visto en la película de personajes de plastilina "El Hombre que Hacía Milagros" (porque la Pasión, de Mel Gibson, aún no se la hemos dejado ver). Gabriel, el mayor, tenía más inquietud espiritual, formulada a su modo. Santiago, el pequeño, expresaba su acuerdo sin profundizar demasiado. Lo cierto es que para evitar que se aburrieran en los trayectos de Bus y Avión, en España e Israel, iban a llevar el equipo imprescindible para los adolescentes de hoy: Video Juegos, Mp4, Mp3, incluso un portátil, para descargar las fotos y usar en el hotel durante las reuniones de los mayores.

Quedaba lo de la guitarra: finalmente encontré por 200€ un modelo de viaje, Washburn Rover, del tamaño de un charango o un timple canario, casi sin caja de resonancia, casi solo el mástil, pero guitarra al fin y al cabo, con cuerdas de acero, con un buen sonido agudo y metálico, casi de banjo, y con una funda resistente y ligera, ideal para el avión, el bus y, sobre todo, caminar con ella a la espalda.

De modo que, terminados los claustros de fin de curso, y preparadas las matrículas de los niños en su Instituto -pues para colmo de nerviosismo el período de matriculación coincidía con el tiempo en el extranjero-, todas las gestiones hechas con precisión matemática y enorme estrés en la mañana del viernes 27 de junio. Nos pusimos a hacer las maletas para doce días (los diez de Tierra Santa más uno por cada lado en Córdoba) entre esa tarde y la mañana del sábado. Salimos de Sevilla sobre las 13h30. Llegamos a casa de mi suegra a la "hora de nona". Para ese momento, tras tanto esfuerzo de final de curso de los padres profesores y de los hijos estudiantes, y tras tanto ajetreo hasta vernos en el coche y finalmente en el punto de partida, Córdoba... lo cierto es que lo que menos nos apetecía era salir a las doce y media de la noche en un incómodo autocar para estar en el aeropuerto de Barajas antes de las siete de la mañana. En ese momento, el viaje a Tierra Santa era cualquier cosa menos un viaje de placer.