domingo, 2 de diciembre de 2007

MI MANANTIAL DE AMOR: COMENTARIO APLICACIONES PASTORALES

Este canto es una oración al Amado. Se canta el encuentro fecundo en la oración, primero es búsqueda y ansia de Dios (“como la cierva…” salmo 42, “como la alondra…” salmo 80), luego es reposo y alimento (“nada me falta...” salmo 23) y finalmente es unión en el Espíritu (“yo soy de Dios y Dios es mío… Cantar de los cantares).
Como se puede ver, la Palabra de Dios en su tono más lírico y más místico es quien influye en estrofas y estribillo. Este se construye desde la vivencia orante y desde la lectura sabrosa del Cantar de los Cantares, pasando por San Juan de la Cruz y su Cántico Espiritual y su Noche Oscura.
Pedirle al Amado que “entre al fin” en nuestro interior, en nuestra alma, en nuestra vida cotidiana… es algo que yo, personalmente como cristiano, he ido descubriendo lentamente. Cuando uno comienza en el seguimiento de Cristo, suele estar muy preocupado de hacer, tanto que incluso el pararse a orar se percibe como una pérdida de tiempo. En ese sentido se va produciendo una inflación de actividades y tareas. Cada vez más, cada vez más. Y más reuniones y programaciones y revisiones y… ¿Dónde quedó el Amado? ¿Dónde sus palabras de amor? ¿Dónde sus caricias y besos? ¿Dónde la primavera espiritual, dónde las flores, dónde el vino nuevo del Evangelio y sus amores?
Claro, que esto sólo es mi experiencia personal. Pero… ¿no le valdrá a algún otro? En esta línea puede ir este canto como catequesis. Si eres de los “activos”, vuélvete más “contemplativo”: verás como tu acción se depura y llegarás a ser un “militante” alegre y feliz y no sólo un “militante comprometido”. Si eres de los “contemplativos”, este canto te servirá para prepararte para tu contemplación del Amado. Luego, después, tú ya sabes que de la oración surgirá la acción que Dios te haya propuesto.
En la Eucaristía puede servir como canto meditacional, entre lecturas, y también como canto de comunión, celebrando la unión eucarística.

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