lunes, 15 de octubre de 2012

VIGILIA DE ORACIÓN CON SANTA TERESA DE JESÚS



Adaptación de los textos
 (Monserrat Izquierdo: Teresa de Jesús con los pies descalzos;
Poesías de Santa Teresa de Jesús);
meditaciones y arreglo musical:
José-Manuel Montesinos y Paqui Alonso Dávila


Puedes escuchar el concierto-oración con la vigilia completa en este enlace:
Vigilia con Santa Teresa de Jesús, José-Manuel Montesinos y Paqui Alonso

A) Invocación del Espíritu Santo


Hoy, como en tiempos de Teresa, no es fácil la oración. Ni ayuda el ambiente, ni las circunstancias históricas que nos rodean. Pero es posible orar. Porque Dios se sigue revelando al ser humano y se sigue comunicando.

Dejemos que Dios hable.

La experiencia de Teresa, que, antes de su gran cambio radical, pasa casi veinte años en “guerra penosa” entre Dios que la llama y el mundo que la solicita, es clave para los orantes de hoy.

Apartémonos del mundo que nos solicita con sus cosas que nos alejan de Dios y de los hermanos sufrientes. Quedémonos un ratito en vigilia de oración junto a Teresa de Jesús y junto a sus hijas las carmelitas descalzas.

Dios desciende para encontrarse con nosotros. No somos nosotros los que vamos a Dios, es Él quien viene a nosotros y nos busca. Somos buscadores de un Dios que nos busca.

Decía Teresa antes de su conversión definitiva a los planes de Dios Padre de Misericordia: “ni yo gozaba de Dios, ni traía contento con el mundo”.

Así estamos tantos de nosotros, a medias. Nos hace falta valentía para orar. Y humildad, mucha humildad para aceptar nuestra propia miseria ante Dios: “Porque los que tratan de oración… están viendo que Dios los mira”.

Venga, dejemos que Dios nos mire, busquemos al que nos busca.


1. VEN, ESPÍRITU DIVINO



Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo. OH VEN


Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos. OH VEN


Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento. OH VEN


Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero. OH VEN


Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. AMÉN
AMÉN



B) Exaltación de la hermosura de Dios

Dios se regala y nos regala. Primero se regala Él, porque es Dios. A Él la gloria y la alabanza por los siglos. Luego nos regala a nosotros y así le damos gloria. El ser humano por sí solo no puede glorificar a Dios. Lo glorifica dejándose dar y regalar por Él. Dejándole hacer.

Escucha, dice: “Mira que estoy a la puerta y llamo.”

Oíd, que viene el Amado.

Abrámosle la puerta de nuestro interior. Contemplemos su hermosura.

A nuestro pequeño ser, frágil y temporal, lleno de dudas y de temores, se acerca el Ser que es y fue y será, por siempre, siempre, siempre.

Canta con nosotros la hermosura de Dios Todohermoso.


2. OH HERMOSURA


¡Oh hermosura!
¡Oh hermosura que excedéis
a todas las hermosuras! (BIS)


Sin herir, dolor hacéis,
y sin dolor, deshacéis
el amor de las criaturas.


¡Oh nudo que así juntáis
dos cosas tan desiguales,
no sé por qué os desatáis,
pues atado fuerza dais
a tener por bien los males!

Juntáis quien no tiene ser
con el Ser que no se acaba;
sin acabar acabáis,
sin tener que amar amáis
engrandecéis nuestra nada.



C) Busco tu rostro, Señor


Dice el Señor, “mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré y cenaremos juntos” (Ap 3, 19). Oh cena que recrea y enamora, comunión de gozo con el Amor, Amor con mayúsculas.

Busco tu rostro, Señor…

Y Tú me dices al oído… Alma, si quieres buscarme, debes buscarme en ti, y si quieres buscarte a ti misma, debes buscarte en mí.

Ay hermanos, si andáis buscando el Reino de Dios, no busquéis fuera, buscad en vuestros corazones.

Piensa, hermano, piensa, hermana, estás hecho a imagen y semejanza de Dios…

Si te pierdes en los trajines del mundo, esta es la brújula que debes usar. En el centro de tu alma habita Dios.

No busques plenitudes insuficientes por ahí fuera, de aquí para allí… En el aposento de tu alma Dios quiere morar…



3. BÚSCATE EN MÍ


Alma, búscate en mí,
y a mí búscame en ti.


De tal suerte pudo amor,
alma, en mí te retratar,
que ningún sabio pintor
supiera con tal primor
tal imagen estampar.

Fuiste por amor criada
hermosa, bella y así
en mis entrañas pintada;
si te perdieres, mi amada,
alma, búscate en mí.


Que yo sé que te hallarás
en mi pecho retratada,
y tan al vivo sacada,
que si te ves, te holgarás,
viéndote tan bien pintada.

Y si acaso no supieres
dónde me hallarás a mí,
no andes de aquí para allí.
Si no, si hallarme quisieres,
a mí búscame en ti.


Porque tú eres mi aposento,
eres mi casa y morada,
y así llamo en cualquier tiempo,
si hallo en tu pensamiento
estar la puerta cerrada.

Fuera de ti no hay buscarme,
porque para hallarme a mí
bastará sólo llamarme;
que a ti iré sin tardarme,
y a mí búscame en ti.



Oh contemplar al Amado por años sin término. Habitar en la casa del Señor todos los días de la vida, y después de la vida… Ver cara a cara y no como en un espejo. Plenitud del gozo es el verte…

Así pensaba Teresa recordando en unas coplas el martirio de uno de los apóstoles… Andrés. Aquel al que Jesús le dijo “Ven y verás”, y le mostró su casa, y Juan y él recordaban el día y la hora, “Maestro, dónde moras, venid y veréis… Y pasaron con Él el resto del día… eran como las cuatro de la tarde” (Jn 1, 39). Andrés, que lleno de gozo por poder contemplar al Señor (Venid y veréis, ven y verás) se dejó clavar en una cruz en aspa, en equis, así despejaba la gran incógnita de la vida y de la muerte, en la ecuación del amor. Y quedarse a pasar junto al Señor el resto del día.

También nosotros nos queremos quedar junto a Ti, Señor, el resto del día, hasta la vida eterna… ¿Qué gozo no dará el verte? ¡Qué gozo, el verte!


4. QUÉ GOZO NO DARÁ EL VERTE


Si el padecer con amor
puede dar tan gran deleite,
¿qué gozo no dará el verte?
¡qué gozo el verte!
¿qué gozo no dará
el verte?


¿Qué será cuando veamos
a la eterna Majestad,
pues de ver Andrés la cruz,
se pudo tanto alegrar?
¡Oh, que no puede faltar
en el padecer deleite!
¿Qué gozo no dará el verte?


El amor cuando es crecido
no puede estar sin obrar,
ni el fuerte sin pelear
por amor de su querido.
Con esto la habrá vencido,
y querrá que en todo acierte:
¿Qué gozo no dará el verte?


Pues todos temen la muerte,
¿cómo te es dulce el morir?
¡Oh, que voy para vivir
en más encumbrada suerte!
¡Oh mi Dios, que con tu muerte
al más flaco hiciste fuerte!
¿Qué gozo no dará el verte?


¡Oh cruz, madero precioso,
lleno de gran majestad!
Pues, siendo de despreciar,
tomaste a Dios por Esposo,
a ti vengo muy gozoso,
sin merecer el quererte:
¡gran gozo es para mí el verte!



D) Estarse a solas con Dios amando

Orar es acoger a Dios… Estarse a solas con Dios amando. Él va siempre delante, buscando, llamando, pidiendo. A esa compañía nos invita Teresa de Jesús. A buscar el encuentro. Pero ese encuentro no puede ser efectivo si no es afectivo. Dios no es Alguien para ser pensado, sino para ser amado. Orar es dejarse amar por Dios y dejarse regalar por Él. Confiar en Él, como dice ella: “Fíe de la bondad de Dios, que es mayor que todos los males que podemos hacer” (Vida, 19, 17). “Sí, que no matáis a nadie, Vida de todas la vidas, de los que se fían de Vos y de los que os quieren por amigo” (V 8, 6). Por eso no hay que temer, no debes dejar que nada te perturbe. Dios es fiel, Él no cambia de un día a otro, como nosotros… Persevera en la oración, sé paciente. Nada te turbe, solo Dios basta…



5. NADA TE TURBE


Nada te turbe,
nada te espante;
todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene
nada le falta.
Sólo Dios basta.

Sólo Dios basta.


Eleva el pensamiento,
al cielo sube;
por nada te acongojes,
nada te turbe.

A Jesucristo sigue
con pecho grande;
y venga lo que venga,
nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo?
es gloria vana;
nada tiene de estable,
todo se pasa.

Aspira a lo celeste
que siempre dura;
fiel y rico en promesas,
Dios no se muda.

Ámale cual merece,
Bondad inmensa;
pero, no hay amor fino
sin la paciencia.

Confianza y fe viva
mantenga el alma;
que quien cree y espera
todo lo alcanza.

De infierno acosado
aunque se viere
burlará sus furores
quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos,
cruces, desgracias;
siendo Dios su tesoro
nada le falta.

Id, pues, bienes del mundo,
id, dichas vanas;
aunque todo lo pierda,
sólo Dios basta.

Sólo Dios basta.


Oh poder charlar a solas con el Amado un largo y tierno coloquio de amor… Los enamorados se dicen cosas al oído… Escucha lo que te dice el Amado… Confíale en tu corazón tus intimidades… Deja que tu alma se quede en Dios escondida… Ama y déjate amar… Feliz el corazón enamorado que solo en Dios pone su pensamiento.


6. COLOQUIO DE AMOR

Un alma en Dios escondida,
¿qué tiene que desear,
sino amar y más amar,
y, en amor toda encendida,
tornarte de nuevo a amar?
Tornarte de nuevo a amar
y, en amor toda encendida,
tornarte de nuevo a amar.


Si el amor que me tenéis,
Dios mío, es como el que os tengo;
decidme: ¿en qué me detengo?
o vos, ¿en qué os detenéis?


- Alma, ¿qué quieres de mí?
- Dios mío, no más que verte.
- ¿Y qué temes más de ti?
- Lo que más temo es perderte.


Un amor que ocupe os pido,
Dios mío, mi alma y os tenga,
para hacer un dulce nido
adonde más la convenga.


7. CORAZÓN ENAMORADO

Dichoso el corazón enamorado,
que en solo Dios ha puesto el pensamiento;
por él renuncia a todo lo criado,
y en él halla su gloria y su contento;
aun de sí mismo vive descuidado
porque en su Dios está todo su intento;
y así alegre pasa y muy gozoso
las ondas de este mar tempestuoso.

Dichoso el corazón enamorado,
que en solo Dios ha puesto el pensamiento. (Se repite varias veces)


E) Exaltación de la Cruz

Dios es imprevisible. Nos sale al encuentro cuando menos lo esperamos. A menudo en el dolor y el sufrimiento. Un día de Cuaresma de 1554. Teresa tiene treinta y nueve años. Alguien ha llevado al Oratorio una imagen de un Cristo. Dice ella en el Libro de la Vida: “Era una imagen de Cristo muy llagado, y tan devota, que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y me arrojé junto a Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole que me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle” (Vida, 9, 1)

Desde la cruz. Los ojos de Cristo te miran. Poco a poco te sientes invadido por el amor infinito de esos ojos. Cruzáis las miradas. Tú miras que Cristo te mira. Como dice san Juan de la Cruz, “el mirar de Dios es amar”. Desde esa Cruz, Cristo te da la vida…

Oh cruz árbol de vida, que da fruto sabroso de amor de Jesús… Entonces, tu propia cruz personal ya resulta llevadera, porque en la Cruz de Jesús está la vida y el consuelo.

Entonces la cruz resulta un “descanso sabroso”, la libertad de nuestro cautiverio, la vida de nuestra muerte…


8. EN LA CRUZ ESTÁ LA VIDA

En la cruz está la vida
y el consuelo,
y ella sola es el camino
para el cielo.


En la cruz está el Señor
de cielo y tierra,
y el gozar de mucha paz,
aunque haya guerra.
Todos los males destierra
en este suelo:

y ella sola es el camino
para el cielo.


De la cruz dice la esposa
a su Querido,
que es una palma preciosa
donde ha subido.
Y su fruto le ha sabido
a Dios del cielo:

y ella sola es el camino
para el cielo.


Es una oliva preciosa
la santa cruz,
que con su aceite nos unta
y nos da luz.
Alma mía, toma la cruz
con gran consuelo:

que ella sola es el camino
para el cielo.


Es la cruz el árbol verde
y deseado
de la esposa, que a su sombra
se ha sentado
para gozar de su Amado,
el Rey del cielo:

y ella sola es el camino
para el cielo.


El alma que a Dios está
toda rendida,
y muy de veras del mundo
desasida,
la cruz le es Árbol de Vida
y de consuelo:

y un camino deleitoso
para el cielo.


Después que se puso en cruz
el Salvador,
en la cruz está la gloria,
y el honor;
y en el padecer dolor,
vida y consuelo,

y el camino más seguro
para el cielo.



9. LOA A LA CRUZ REDENTORA


Cruz,
oh Cruz,
oh Cruz,
descanso sabroso…
descanso sabroso de mi vida:
vos seáis la bien venida.


¡Oh bandera, en cuyo amparo
el más flaco será fuerte!
¡Oh vida de nuestra muerte,
qué bien la has resucitado!
Al león has amansado,
pues por ti perdió la vida:
vos seáis la bien venida.

Quien no os ama, está cautivo
y ajeno de libertad;
quien a vos quiere allegar
no tendrá en nada desvío.
¡Oh dichoso poderío,
donde el mal no halla cabida!:
vos seáis la bien venida.

Vos fuistes la libertad
de nuestro gran cautiverio;
por vos se reparó el mal
con tan costoso remedio.
Para con Dios fuiste medio
de alegría conseguida:
vos seáis la bien venida.



F) Unión con Dios

Señor, Tú nos permites entrar en intimidad contigo. Aquí nos tienes en vigilia de oración junto a Teresa de Jesús… Nosotros, como ella, queremos entregarnos y darnos del todo a Ti. Ser tuyos y Tú nuestro. Saborear la unión con Dios, la unión contigo. Hemos recibido también un flechazo de amor, quizá no sea una herida de amor tan profunda como la que recibió Teresa en la transverberación, pero nuestros corazones trajinados por tantos afectos contradictorios de pronto han recibido de ti el flechazo de tu toque de amor, Tú mismo, Jesucristo, el Verbo humanado, eres la saeta poderosa que nos lanza el Padre, y que nos llaga el alma con fuego del Espíritu… por eso ardiendo en amor, cantamos junto a Teresa como en el Cantar de los cantares: “es mi Amado para mí y yo soy para mi Amado”.



10. ES MI AMADO PARA MÍ


Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.


Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó rendida
en los brazos del amor,
mi alma quedó caída.
Y cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado,
que es mi Amado para mí,
y yo soy para mi Amado.


Tiróme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador.
Yo ya no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí,
y yo soy para mi Amado.



11. SAETA PODEROSA


Señor, hiéreme
con la palabra de tu boca, hiéreme
con las miradas de tus ojos, hiéreme,
hiéreme con tu belleza,
con tus manos hiéreme,
con tu corazón.

Saeta poderosa, hiéreme.
Verbo humanado, mi Jesús, hiéreme,
con el dardo amoroso del dolor,
con la llaga incurable del amor, hiéreme.
Puerta donde el alma entra en Dios.
Hiéreme…


1. Mírame con tu mirada,
hiéreme el entendimiento,
hiéreme con tu verdad.
Mírame, Divino Verbo,
saca el alma de mi cuerpo
por la violencia de la suavidad.

Mírame,
así, con la mirada
con que miraste a Pedro
después de la negación.
Mírame y que llore mi pecado,
porque tu mirada
me ha llagado el corazón.


2. Muestra la belleza
de tu bella humanidad,
colmada de virtud y perfección.
Convierte mi alma en llaga
encendida y abrasada
del Espíritu de Dios.

Hiéreme,
que se oiga la alabanza
que exhala tu hermosura,
Tócame en la herida
del amor que no se cura.
Tacto del Esposo
que procura
tocar el corazón.

Muestra tu belleza,
tócame en la herida
de vida,
de bien y de riqueza.


3. Mírame, tócame,
tírame, lánzame
un golpe de relámpago veloz.
La saeta es el Verbo humanado,
que el Padre ha arrancado
de su corazón.

Corazón
que es el mismo Hijo,
y es saeta poderosa
que en el alma hirió,
llagándola con fuego del Espíritu
para que nunca más
sane esta herida de amor.


Sosiégate, corazón; halla la quietud, alma querida…Está nuestra alma como un niño en los brazos de su madre… Como dice Teresa, cuando se sosiegan las potencias del alma, (la voluntad, la memoria y el entendimiento)… “Está el alma como un niño que aún mama, cuando está a los pechos de su madre, y ella, sin que él paladee, le echa leche en la boca por regalarle. Así es acá, que sin trabajo del entendimiento, está amando la voluntad y quiere el Señor que, sin pensarlo, entienda que está con Él” (Camino de perfección, 31, 2). Como decía San Juan de la Cruz: “Entréme donde no supe y quedéme no sabiendo, toda ciencia transcendiendo”.

Así nos quedaríamos nosotros, gustando el gusto divino de la miel, la leche y el vino que nos ha ofrecido el Amado del Cantar de Los Cantares…



G) Disponibilidad


Pero hemos cubierto nuestro tiempo de vigilia junto a Teresa… Tú, Señor, nos traes y nos llevas adonde Tú quieras. Tuyos somos, para Ti nacimos… Estamos disponibles para lo que estimes oportuno. Pon en nuestros corazones deseos de amar, de evangelizar, de orar, de interceder, de ayudar al prójimo, de reconstruir el tejido comunitario de la Iglesia, de transformar lo cotidiano que nos rodea, pero también de aceptar nuestras limitaciones, de sufrir con paciencia y alegría nuestra enfermedad, de perdonar las ofensas…



TUYA SOY, PARA TI NACÍ
¿QUÉ MANDAS HACER DE MÍ?


Tuya soy, pues me criaste,
tuya pues me redimiste,
tuya, pues por mí sufriste,
tuya, pues no me perdí.
¿Qué mandas hacer de mí?


Dame muerte, dame vida;
da salud o enfermedad;
dame guerra o paz cumplida,
que a todo digo que sí.
¿Qué mandas hacer de mí?


Da riqueza o da pobreza,
da consuelo o desconsuelo,
dame infierno o dame cielo.
pues del todo me rendí.
¿Qué mandas hacer de mí?


Dame años de abundancia
o de hambre y carestía.
Da tiniebla o claro día,
llévame aquí o allí.
¿Qué mandas hacer de mí?



Con disponibilidad total, cantamos llenos de alegría…



12. QUÉ MANDÁIS HACER DE MÍ


Vuestra soy, para vos nací:
¿qué mandáis hacer de mí? (bis)


Soberana Majestad,
eterna Sabiduría,
Bondad buena al alma mía;
Dios, Alteza, un Ser, Bondad:
la gran vileza mirad,
que hoy os canta amor así:
¿qué mandáis hacer de mí?

Veis aquí mi corazón,
yo le pongo en vuestra palma:
mi cuerpo, mi vida y alma,
mis entrañas y afición.
Dulce Esposo y Redención,
pues por vuestra me ofrecí:
¿qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, para vos nací:
¿qué mandáis hacer de mí? (bis)


Si queréis que esté holgando
quiero por amor holgar;
si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando:
decid dónde, cómo y cuándo,
decid dulce Amor, decid:
¿qué mandáis hacer de mí?

Dadme Calvario o Tabor,
desierto o tierra abundosa;
sea Job en el dolor,
o Juan que al pecho reposa;
sea viña fructuosa,
o estéril, si cumple así:
¿qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, para vos nací:
¿qué mandáis hacer de mí? (bis)


Haga fruto o no lo haga,
esté callando o hablando,
muéstreme la ley mi llaga,
goce de Evangelio blando;
esté penando o gozando,
sólo vos en mí vivid.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Vuestra soy, para vos nací:
¿qué mandáis hacer de mí? (bis)





Terminamos con un padrenuestro, avemaría y gloria

2 comentarios:

Eduardo Sanz de Miguel dijo...

¡Ay, quién pudiera estar cerca para participar en cosas tan maravillosas como esta vigilia! El Señor os llene de sus bendiciones y haga que vuestro ministerio musical sea de ayuda para muchos.

ingrid dijo...

Estoy totalmente de acuerdo, a mi me encantaría llevar esta vigilia hasta méxico, a un rinconcito de ella en un pueblito en donde predicamos que nuestra madre santísima quiere que nos consagremos a ella.